Rebelión por el control de internet

El uso de internet ha crecido de forma tan explosiva en la última década, que los usuarios suman un millar de millones en todo el mundo. Este crecimiento tiene su combustible en el auge de las aplicaciones comerciales, y se intensifica gracias a las nuevas posibilidades de acceso mediante dispositivos móviles. Pero, en lo sustancial, internet no ha cambiado desde los días en que fue creada como servicio para que unos pocos miles de académicos norteamericanos intercambiaran información. En este marco, su regulación ha desatado una batalla que pretende arrancar a Estados Unidos la llave de oro que le permite controlar un recurso que se ha convertido en global. Amediados de noviembre se reunirá en Túnez una cumbre mundial sobre la sociedad de la información, y su resultado más probable será un desacuerdo sobre la cuestión central sometida a discusión: ¿hay que cambiar el guardia de tráfico de internet?, ¿a quién corresponde dictar el reglamento de circulación? Al principio de su historia, ambas cuestiones eran asuntos internos de Estados Unidos, pero la internacionalización aconsejó, en 1998, crear una instancia separada del organismo gubernamental que se ocupaba de esas funciones. Con tal fin, se constituyó una corporación privada, sin fines de lucro, llamada ICANN (Internet Corporation for Assigned Names and Numbers), con la que el departamento de Comercio firmó un contrato que la obliga a administrar los llamados servidores raíz y el sistema de asignación de dominios, que son los dos elementos clave para asegurar la estabilidad de internet. No es fácil definir la naturaleza jurídica de la ICANN. Formalmente, tiene carácter privado y no se rige por el derecho internacional sino por las leyes del Estado de California, donde tiene su sede social. Pero, aunque es regida por un consejo internacional y tiene un comité asesor en el que se sientan representantes de gobiernos extranjeros, lo cierto es que el departamento de Comercio sigue teniendo el poder de veto sobre sus decisiones estratégicas. Integridad del sistema Nadie niega la utilidad del mecanismo para preservar la seguridad e integridad del sistema. Pero, como el contrato de 1998 expira en septiembre del 2006, se presenta la ocasión de dar un giro –radical o no, ya se verá– en el control sobre internet. Los reproches contra la ICANN pueden resumirse en cuatro: elitismo, opacidad, desinterés por el tercer mundo y subordinación a los intereses americanos. A estas quejas, el gobierno de Estados Unidos replica que la fórmula funciona satisfactoriamente, que ninguna otra lo haría mejor, y mucho menos una burocracia internacional. En 2003, la ONU constituyó un grupo de trabajo, al que encomendó elaborar propuestas de reforma, con vistas a la cumbre de Túnez. El documento publicado contempla cuatro modelos posibles: 1) que un órgano dependiente de laONU(presumiblemente la Unión Internacional deTelecomunicaciones, UIT) tome el lugar de la ICANN, 2) que se cree un nuevo ente multilateral ad hoc, 3) que las competencias se repartan entre tres entidades de nuevo cuño, y 4) dejar las cosas más o menos como están pero sustrayendo poder a Estados Unidos para repartirlo entre representantes políticos de otros países. “Como internet es hoy un instrumento universal –ha dicho el director general de la UIT, Yoshio Utsumi– todos los países han de sentirse propietarios, lo que significa que si está bajo el dominio de una empresa o un país, ese sentimiento de propiedad se ve afectado. Por esta razón, muchos países piden que la gestión de internet se democratice o se internacionalice”. Añadió Utsumi, barriendo para casa, que la UIT estaría dispuesta a hacerse cargo de la regulación de internet, si los países miembros así lo deciden. Así las cosas, el diálogo de sordos era previsible. Ante la negativa norteamericana a renunciar al control, suena inverosímil que los países rebeldes sean capaces de montar una regulación y un sistema alternativo, que además debería ser compatible con el que Estados Unidos no cedería. Entretanto, los intentos del gobierno norteamericano de ajustar las prácticas de internet a su propia legislación, mediante restricciones –por razones políticas, de seguridad o morales– han logrado que tanto Canadá como la Unión Europea apreciaran en tales episodios una expresión más del unilateralismo que caracteriza a la administración Bush.Tal vez esta actitud les permita jugar un papel de hacedores del compromiso que, ahora mismo, parece algo inalcanzable. En la última reunión preparatoria, a finales de septiembre, la UE cambió su posición anterior de defensa de la fórmula vigente. El delegado de la presidencia británica, David Hendon, propuso la adopción de un nuevo modelo cooperativo, que no implicaría la desaparición de la ICANN, pero forzaría una modificación de su estatus legal, pasando a regirse por la ley internacional y no por la norteamericana. La comisaria europea Viviane Reding resumió así la nueva política: “internacionalizar la gestión de los recursos centrales de internet, para dar participación a los países en desarrollo”. Parece claro que la UE pretende evitar un cisma o, en todo caso, no quiere que una crisis la pille alineada con Estados Unidos, sin capacidad de maniobra. David Gross, delegado norteamericano, respondió que las propuestas del grupo de trabajo son inaceptables y no negociables. En cuanto al cambio en la posición europea, le ha parecido profundamente decepcionante. Su jefe, el secretario adjunto de Comercio, Michael Gallagher, fue más rotundo: “Estados Unidos mantendrá con firmeza su papel histórico en relación con la autoridad sobre los servidores raíces, y seguirá garantizando que la ICANN cumple su misión”. La ICANN, cuyo consejo preside uno de los padres de nternet, Vinton Cerf, asiste impávida a esta discusión que condiciona su futuro. Cerf sostiene, y no le falta razón, que el órgano gestor no es responsable por el retraso que sufre el tercer mundo en el acceso a internet. A esto, los partidarios de la reforma responden que cualquier mecanismo multilateral que pretenda reducir la desigualdad en el acceso estaría desprovisto de medios, a menos que consiga que el gestor –sea ICANN o una alternativa– siga una orientación política distinta a la que le imprime su vínculo con el gobierno norteamericano.

Los nombres de dominio se subastan por millones de euros

Los nombres de dominio de Internet se subastan por más demil millones de pesetas Esto no es América: mientras el Ayuntamiento de Barcelona pugna por apropiarse de la dirección de Internet (o nombre de dominio) barcelona.com, registrado por una mujer de Sant Vicenç de Montalt, en Estados Unidos los propietarios de America.com han decidido poner sus diez letras a la venta por –agárrense– 5.400 millones de pesetas. Las ofertas que han recibido hasta ahora, de hasta 1.800 millones de pesetas (diez millones de dólares), les parecen tan modestas que han decidido esperar a que los precios del mercado suban para vender su codiciada propiedad. En el último año algunos nombres de dominio se han empezado a vender por cientos de millones de pesetas, y en un caso (business.com, que se lleva la palma), por hasta 1.350 millones (7,5 millones de dólares). En el próximo año se espera que por lo menos media docena de nombres superen el récord de business. com. Tal es la efervescencia del mercado que han aparecido dos importantes empresas que se dedican a subastar nombres de dominio y que, naturalmente, operan a través de Internet: HitDomains.com y GreatDomains. com. Los grandes beneficiados por la inflación de los .com son los visionarios que amediados de los 90, cuando Internet era un bebé, tuvieron la visión de invertir un puñado de dólares en adquirir nombres de dominio. “Todo el mundo decía que estaba loco, pero para mí son como buenas propiedades inmobiliarias. Su valor sólo puede aumentar”, ha declarado al diario “Herald Business” de MiamiGary Kraser, que empezó a comprar nombres en 1997 y ahora tiene unos 350. Registrar un nombre de dominio sigue siendo tan barato como cuando Kraser empezó: 6.000 pesetas anuales, según la cuota de la empresa española Nominalia. Pero hoy día todos los buenos nombres están pillados (hay unos diez millones de nombres de dominio registrados) y muchos de los malos también (quien esto suscribe intentó registrar corbella.com en otoño del 99 para acabar descubriendo que alguien lo había registrado en Australia medio año antes). Para paliar el problema de la falta de nombres de dominio que quedan libres, la Icann –la organización internacional que regula los nombres en Internet– tiene previsto añadir nuevos dominios (se han propuesto .shop, .nom y .info, entre otros) a la corta lista de dominios actuales (como .com y .org). Por ahora, sin embargo, la Icann aún no ha decidido cuándo incorporará los nuevos dominios ni cuáles serán exactamente. Una reunión de la Icann que se celebrará en julio en Yokohama (Japón) estudiará la cuestión. En esta situación, con una oferta de nombres de dominio atractivos muy inferior a la demanda, quienes compran los nombres –ya sea mediante subasta o directamente al propietario– suelen ser empresas que dependen del número de clientes que las visiten en Internet. “El nombre de dominio se ha convertido en un factor clave de la economía ‘on-line’”, explica Jordi Hinojosa, director de Nominalia. “El comercio electrónico, el marketing ‘on-line’, los buscadores… todo se basa en el nombre que tengas.” Ha llegado un punto en que muchos nuevos productos se diseñan en función de los nombres de dominio disponibles. “Antes se hacía primero el producto y después se creaba la web. Ahora primero se registra el nombre de dominio y después se diseña la imagen del producto”, explica Hinojosa. Es lo que explica que Hell.com (traducción: Infierno.com), por poner un ejemplo, tenga un precio de salida en subasta de 1.450 millones de pesetas. Aún no hay ningún producto tras este nombre, pero 3.000 curiosos al día se conectan a él, pese a que no aparece nada de interés en la pantalla (pueden probarlo). Un nombre, por lo tanto, que es un escaparate ideal.c

El ordenador se muda a internet

La informática evoluciona y las principales herramientas del ordenador podrían dejar de residir en él, como hasta ahora, para instalarse en la red a fin de que el usuario pueda utilizarlas desde cualquier parte, mediante las oportunas contraseñas. Este es el cambio que proponen firmas como Google, Adobe y Ajax13, que están desplegando en internet versiones on line de procesadores de textos, hojas de cálculo y otros programas muy comunes para los usuarios. El cambio afecta incluso a la firma Microsoft, que ha erigido su imperio con su omnipresente software instalado en casi todos los ordenadores. Estas nuevas herramientas on line todavía están en fase de prueba y, por el momento, no tienen tantas funciones como las tradicionales, pero apuntan hacia un cambio radical en el modelo informático tradicional, en el que los programas y los archivos que éstos generan están instalados en un ordenador. Con la nueva oferta que se está gestando, el usuario se conectará a la red, utilizará el programa y dejará los archivos en un sitio remoto, al que podrá acceder desde cualquier parte y máquina. El cambio es aún mayor si tenemos en cuenta que programas que ahora son de pago podrían convertirse en gratuitos, en algunos casos a cambio de recibir publicidad. La principal ventaja de este modelo on line es que permite utilizar los documentos desde cualquier lugar del planeta, así como compartirlos con otros usuarios autorizados. Habrá que ver la calidad final que ofrecen estos programas y existe una incógnita importante sobre si el público aceptará una propuesta que, con material importante archivado en servidores ajenos, puede plantear dudas sobre la privacidad y la seguridad. Con todo, un dato está a favor de la nueva propuesta: millones de usuarios utilizan ya el correo web. Este tipo de e-mail también está alojado en la red y, aunque en el momento de su aparición causó las mismas inquietudes, ha sido masivamente aceptado por las ventajas que ofrece, ya que puede utilizarse sin estar en casa o en el trabajo. Todas estas herramientas on line dibujan un nuevo escenario en la informática. Los programas alojados en la red y gratuitos, o subvencionados con publicidad, están en la línea de la oferta de empresas nacidas con internet, como es el caso de Google. Y suponen un desafío, comercial y de modelo, para Microsoft, que domina el mercado mundial con la venta de licencias para su sistema operativo y las herramientas del Office, instaladas en millones de ordenadores. La nueva oferta es, también, un ejemplo de la llamada Web 2.0, una etiqueta técnica que con servicios de este tipo empieza a ser más fácil de visualizar y entender. Rick Treitman, responsable de Virtual Ubiquity, la firma que ha desarrollado el procesador de textos on line que ahora ofrece Adobe, explica así el origen de su producto: “Nos hemos inspirado en la manera en que los jóvenes de hoy se pasan la vida trabajando y jugando juntos en la red”.

La aprobación de nuevos dominios

El Icann (Internet Corporation for Assigned Names and Numbers), considerada la máxima autoridad técnica en la red aprobó en la noche del jueves siete nuevos sufijos para las direcciones de Internet, en la mayor reestructuración de la topografía de la red desde principios de los ochenta. Estos nuevos dominios (la parte final de las direcciones de Internet),que se sumarán a los indicativos nacionales o a los omnipresentes “com”,tienen como objetivo fundamental aliviar la fuerte congestión que se ha producido en los últimos meses y que ha generado una espiral de especulación sobre la propiedad de las direcciones de Internet,ante la falta de posibilidades de registrar nuevos nombres. El resultado, no obstante,no escapa a la polémica. La decisión del Icann afecta a lo que,técnicamente, se denominan dominios de primer nivel,es decir,las últimas letras de cada dirección de Internet (en el caso de www.lavanguardia. es correspondería al sufijo “es”). Estos dominios de primer nivel figuran tanto en las direcciones de correo electrónico como en las de los sitios web. Pueden ser de tipo nacional –“es” en el caso de España– o internacional. En este último caso,los actuales dominios son los famosos “com”,para empresas, los “org” para instituciones sin ánimo de lucro, o los “net” para finalidades técnicas. Otros dos –los “gov” para la Administración y los “edu” para la enseñanza– han quedado prácticamente limitados a Estados Unidos. Los dominios aprobados el jueves en California son: biz,para negocios; pro,para profesionales; museum,para museos; aero,para transportes; name,para direcciones personales; coop,para cooperativas; e info, para otros fines. Otras 37 propuestas fueron descartadas. El crecimiento exponencial de la red,y en especial de los negocios en Internet,ha provocado el colapso de las direcciones disponibles para ser registradas. Según el buscador Google, entre 20 y 25 millones de sitios web tienen la terminación com,casi la mitad del total, y no hay ni una combinación de tres letras disponible para ser registrada. Este colapso ha generado una enorme especulación y son numerosos los casos de personas que han registrado dominios que luego han vendido a precios astronómicos a la empresa propietaria natural de la marca. De hecho,las motivaciones económicas han sido la espoleta de esta renovación. Registrar un dominio atractivo o fácil de recordar para el usuario puede hacer ganar mucho dinero. Si los dominios sencillos terminados en “com” están ya agotados,hasta ahora la empresa propietaria no tenía otra solución que registrar un nombre mucho más complejo,y, por tanto,menos comercial. Los siete nuevos sufijos ofrecen nuevas posibilidades. Los nuevos dominios no se podrán utilizar hasta mediados del año próximo,porque ahora el Icann negociará con cada una de las empresas que ha propuesto los sufijos elegidos qué requisitos deberá cumplir quien quiera registrar una dirección con ellos. Estos requisitos pueden ser el pago de una cuota,lo que convierte el dominio elegido en una fuente de negocio para quien lo propuso. Cada una de las empresas que realizaron las propuestas debatidas pagó a fondo perdido 10 millones de pesetas,y no por motivos filantrópicos. La elección no ha estado exenta de polémica, y ayer se sucedían las acusaciones contra el Icann que aseguraban que la organización se ha guiado por criterios comerciales. La Organización Mundial de la Salud (OMS),que había propuesto el sufijo “health”,afirmaba que luchará por que sea aceptado. Otras propuestas, como “sex” –que hubiera permitido identificar con más facilidad sitios con contenido pornográficos– o “kids”,para contenidos infantiles,no han sido respaldadas por el Icann. Incluso dos congresistas de Estados Unidos se han opuesto a la designación del dominio “info”,uno de los finalmente elegidos, por un posible conflicto de intereses dentro de la organización